El periodo tardío comienza alrededor de 1815. Las obras de dicho periodo se caracterizan por su profunda carga intelectual, sus innovaciones formales y su intensidad, expresión sumamente personal. El Cuarteto para cuerdas n.º 14, Op.131 tiene siete movimientos enlazados y la Novena Sinfonía incorpora la fuerza coral a una orquesta en el último movimiento.[17] Otras composiciones de este periodo son la Missa Solemnis, los cinco últimos cuartetos para cuerdas (incluyendo la Grosse fugue) y las cinco últimas sonatas para piano
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